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Barrio Inglés

La primera vez que visité el barrio inglés de Caballito, fui en búsqueda de algo que me daría un ‘cheap fix’ de mi país materno. No sabía bien qué me esperaba, pero ya su nombre me seducía. Desde entonces he vuelto en dos o tres oportunidades, y siempre me provoca una cálida sensación de familiaridad con las calles afluentes de Londres: por la luz tenue del atardecer, las lámparas de los porches y el baldaquín arbolado de sus calles principales, siento que tranquilamente podría estar en Hampstead o Notting Hill.

Este barrio consta de una zona de seis manzanas delimitadas por las calles Valle (al norte), Del Barco Centenera (al este), Emilio Mitre (al oeste) y la Avenida Pedro Goyena (al sur). Las casas se caracterizan por su impronta anglosajona con influencias Tudor, góticas e incluso italianas. Es el resultado de un plan para construir viviendas accesibles a comienzos de los años 20, iniciativa que llevó a cabo por el banco El Hogar Argentino, con proyecto del ingeniero Pedro Vinent y de los arquitectos Lanús, Molina, Parodi y Figini –cuyos nombres aparecen instriptos en las fachadas de muchas de las casas. Fue allí donde se instalaron, junto con sus familias, los ingenieros ingleses a cargo del primer tramo del ferrocarril Sarmiento.

A lo largo de estas pocas cuadras el silencio es palpable. Se escucha el zumbido de una abeja, el crujido de una hoja de otoño, el susurro de la radio de los vigiladores de alguna esquina. Por estas calles angostas corre el viento pero no el tiempo. Es que el barrio, ajeno al ritmo alocado a sus alrededores, parece dormir una siesta perpetua.