Espacio interior y espacio exterior
  


La licenciada Diana Wechsler, psicóloga (UBA), es instructora del sistema de Centros de Energía. Desde 1970 trabaja en la terapia de Centros de Energía (integración cuerpomente espíritu), en terapias individuales y en grupos. En España y en Buenos Aires forma a psicólogos en este modo terapéutico. Participa en la coordinación interdisciplinaria de grupos de crecimiento.

Una de las funciones de la arquitectura y la decoración es ayudara que la persona habite su lugar en armonía. Diversos ejemplos nos relata la en este artículo.


Que el mundo está conectado como una red y que todo tiene que ver con todo es un concepto que los orientales manejan con frecuencia. Nosotros, los occidentales, tendemos, en cambio, a fragmentar el mundo, a dividirlo, clasificarlo y ordenarlo, y no estamos atentos a esta conexión. Las consecuencias son la desarmonía, el stress, la incomodidad.

Partiendo de este punto, podemos afirmar que una persona es igual por dentro que por fuera; o dicho de otro modo, que el afuera expresa su modo de ser interno. Por supuesto, este modo de decir, este expresar, es inconsciente y no tenemos mucha noticia de ello. Esto no es solamente un concepto teórico o filosófico. Está presente en nuestra vida, en lo cotidiano, en nuestras acciones diarias, en nuestro modo de vivir. Y también está, por supuesto, en nuestra casa, nuestro hábitat.

Una de las funciones de la arquitectura y la decoración es ayudar a que la persona encuentre su lugar y lo habite con naturalidad, que refleje lo que es y no lo que quisiera ser para que su vida sea más armónica, y para que estando en equilibrio su espacio exterior repercuta en su espacio interior (a veces se usan, en técnicas psicoterapéuticas, consignas tales como "ordenar el placard" o "cambiar los muebles", como ejercicio que repercute en el mundo interno de la persona).

"Necesito más espacio", puede decir alguien, y esto alude tanto a un lenguaje simbólico (diciendo que necesita más independencia, etcétera) o al simple hecho de que su lugar en metros cuadrados es pequeño. Si buscáramos en nuestro lenguaje, veríamos que son muchísimas las palabras que usamos en común tanto para lo interno de la persona como para lo externo.

Hay un test básico y famoso en psicología, en el que a través del dibujo de una casa se analizan rasgos de la personalidad de un sujeto (esto mismo se hace para el dibujo del cuerpo y de un árbol).

También está estudiado el uso del color en relación al plano psicológico, tanto el color elegido que expresa un estado, como al revés, el cambio de un estado emocional a través de un color. Esto abre una serie de variables que apuntan al cómo quiero vivir y no sólo al dónde.
Tomemos algo de lo que el test HTP nos dice:

  • Las paredes nos hablan de la estructura de la personalidad. ¿Son sólidas, fuertes, definidas, o no ocupan un lugar preponderante? El techo representa la vida mental. ¿Cómo es la proporción con respecto a la casa? ¿Es muy grande o importante con respecto al resto?
  • Puertas y ventanas nos hablan de las conexiones al exterior, de la necesidad de comunicación de la persona. ¿Hay muchas en el diseño de la casa, son grandes y abiertas o tapiadas? También se toma en cuenta la "fachada" que da la persona a conocer de sí misma. ¿Fachadas sencillas con interiores más importantes o casa "pura fachada", como dice el lenguaje popular?
  • También el entorno o emplazamiento de una casa es fundamental. ¿Toma en cuenta lo que la rodea, el lugar, el barrio? Y aquí se pregunta un psicólogo: para su desarrollo, ¿esta persona toma en cuenta a los demás, se siente parte de un conjunto? Muchas de las dificultades que a veces aparecen en la construcción o refacción de una casa obedecen a que no se toma en cuenta la realidad de una persona, si esa casa o espacio es realmente para ella (diferenciamos lo que es y lo que quisiera ser). Cuando una persona aspira a ser de determinada manera puede pedir una casa desde ese aspecto; pero después la casa no refleja su modo de vivir, y simplemente vive mal.
    Vemos muchísimas casas que a nivel decorativo son muy lindas pero que no reflejan el modus vivendi de la gente que las habita; hasta hay un chiste que circula sobre el tema: "La arquitectura es linda, lástima que la gente insista en vivir adentro".

    Planteemos algunos ítem a tomar en cuenta en este proceso:

    1. TRATAMIENTO DEL ESPACIO. Una persona puede necesitar un espacio franco, neto, definido. Otra puede necesitar separar y controlar pequeños espacios compartimentados. Por ejemplo: un hall de entrada separado del living, que a su vez está dividido en distintas zonas, no es lo mismo que ingresar a un espacio grande de entrada. Tampoco es lo mismo una persona que se abre francamente a otra que se da a conocer de a poco, a través de sus roles.

    2. LA LUZ. De acuerdo a si una persona es más diurna o nocturna, más intimista o más extravertida, la luz será diferente. Hay quienes no les importa la luz natural y privilegian otras cosas, pero para otros puede ser un ítem básico. Lo mismo, del modo de iluminar una casa a través de la luz que recibe se pueden inducir a distintos estados psíquicos. En ciertas técnicas de introspección se apagan luces para inducir a climas internos. Hay una luz que cada persona necesita o resiste para sentirse equilibrada.

    3. INTEGRACION CON EL ENTORNO: LO FIJO Y LO MOVIBLE. Si una persona es muy rígida, necesita que su equipamiento y muebles también lo sean, que todo ocupe un lugar y no otro, que todo sea permanente, casi fijo. Una persona más descontraída necesita muebles blandos, cambiantes donde pueda aflojarse a libertad. Ciertos sondeos informan que las personas habitan menos el living de su casa que otras zonas (dormitorios, cocina). Muchas veces los livings están más hechos "para recibir", y no ofrecen el lugar de encuentro familiar adecuado. Un arquitecto puede ayudar a que las personas que habitan este espacio se sientan identificadas con el mismo.

    4. LO PESADO Y LO LIVIANO. Hay personas que necesitan el mucho: muchas palabras, muchas acciones, muchos objetos; sus casas rebalsan de adornos y mil cosas, y para ellos está en equilibrio.
    Para otros, la necesidad y el equilibrio pasan por poco y abarcable. Más allá de los criterios decorativos hay que tomar en cuenta qué es lo que equilibra a cada uno. Y lo mismo para telas pesadas o livianas, cortinados, etcétera. La casacueva o casarefugio suele tener mucho de esto.

    5. LOS COLORES. Una persona recibe por día más de cinco mil estímulos visuales y auditivos, lo cual da a su cerebro un tipo de actividad determinada. Así, la mezcla de colores fuertes lleva a un estímulo mayor, a mayor aceleración, mayor intensidad emocional y también mayor stress. Los colores calmos y pocos tranquilizan más. Lo mismo pasa con los géneros lisos o trabajados o estampados. Los naranjas y rojos tienen que ver con la vida instintiva, la pasión, el entusiasmo, la bronca. El verde es el color de las emociones y la salud, el azul de los sentimientos; el amarillo tiene que ver con la vida mental y el blanco y el violeta con la vida espiritual, según los yoguis.
    También los colores cálidos llevan a la expansión y los fríos a la introspección. Como modo de investigar este tipo de temas hemos mostrado láminas con dormitorios, por ejemplo, uno muy sobrecargado con géneros composée (tipo Laura Ashley), y algunas personas se sentían maravillosamente amparadas por él y otras agobiadas. En otro de color amarillo con algo de naranja encontramos respuestas de mayor entusiasmo o vitalidad y otras de ansiedad fuerte.

    6. LO NUEVO Y LO VIEJO. Una persona puede pensar por años lo mismo y mantener una rutina: esto le da estabilidad y autocontención. Otras personas necesitan el cambio constante, son adaptables a lo nuevo y disfrutan incorporando desde una nueva idea a un nuevo objeto. En la casa esto se refleja en la incorporación de nuevas cosas, en la convivencia de estilos diferentes, en muebles y objetos renovables. Si "lo único permanente es el cambio" habrá que tener cosas que sean "para toda la vida", fáciles de cambiar y renovar. Si en cambio la aspiración es la durabilidad, habrá que contemplarlo de antemano.

    7. VIVIR A ESCALA HUMANA. Desde la corriente ecológica se busca cada vez más vivir a escala humana, esto es, abarcable, posible, que no cueste trabajo mantener y cuidar. Esto no es una medida objetivable: es personal, subjetiva. Pero es posible que desde una perspectiva interdisciplinaria la arquitectura pueda ofrecerle a la persona una concreción de un deseo profundo que ella no sabe llevar a cabo: su hábitat.

    Desde ET pidiendo volver a casa hasta el destierro como pena máxima, las personas ven en su casa un anclaje de su ser interior, un lugar de llegada. Ayudar a que esto sea posible es ayudar a vivir mejor.
    Por Diana Wechsler, psicóloga

  •   
    Imprimir