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CASA TALLER GALERÍA

Dice Luisa Freixas que su universo se mantiene en equilibrio sobre un trípode que la constituye y la expresa como artista, madre y mujer. Una visita a su departamento que es una visita a su obra.

Techos altos, molduras, pisos de madera… los edificios franceses conmueven a Luisa Freixas y a su marido Fernando Mantilla. Por eso descubrir este departamento frente a la plaza Vicente López fue no dudarlo. Ya vivían en el barrio pero este piso, que es bastante más alto, reveló otras vistas y posibilidades: “La luz que tiene es impresionante” –cuenta Luisa– “yo antes vivía en un primer piso y no me daba cuenta de lo necesaria que es la luz en mi vida. Ver la plaza también me atrajo muchísimo, porque la vivimos mucho. Mirarla desde arriba me gusta, siento que es mía”.

Formada en la carrera de Bellas Artes en el Instituto Santa Ana, donde se especializó en grabado y xilografía, Luisa Freixas es discípula de Jorge Demirjian, en cuyo taller estudió durante años. Fue su maestro quien curó su primera exposición individual, Estampida.

En este departamento se superponen los roles de casa, taller y galería. Su trabajo, prolífico, avanza sobre las paredes, sobre los listones de madera del piso, sobre los rincones de todos los espacios… ella, sus cuadros, sus ideas, sus colores y búsquedas, están por todas partes.

Las intervenciones previas a la mudanza fueron unas pocas: un jardín vertical en el baño de los chicos, una hamaca en el living y rieles tendidos por toda la casa: “Eso es clave porque en mi casa también muestro mi obra, y si vendo un cuadro, pongo otro; o si pinto uno y me gusta mucho, lo cuelgo y cambio todo otra vez”.

Las creaciones propias conviven con otras de amigos, conocidos y admirados. “Nos gusta comprar. Tengo cuadros preferidos a los que quiero ver mucho, entonces los pongo en el living y en el comedor, que es donde paso más tiempo y donde me acompaña la música mientras trabajo. El arte es parte de nuestra vida”.