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Casi como trabajar en casa

Esta oficina de 600 metros, ubicada en el piso 20 de Puerto Madero, da testimonio de la habilidad de las diseñadoras María Anzoátegui y Cecilia Bravo para superponer lenguajes y experiencias.

El planteo del proyecto fue muy similar al de una casa. La premisa era crear espacios con poca impronta de oficina tradicional. “Nuestro cliente quería un family office donde desarrollar diferentes actividades de trabajo junto a sus hermanos y, a la vez, tener un lugar cálido para reunirse con clientes y amigos y estar como en el living de su casa”. Y en esas palabras radica toda la complejidad: la formalidad y la funcionalidad de un espacio laboral con cierta intimidad.

Anzoátegui y Bravo convocaron al estudio de arquitectos KNBA especializados en oficinas y locales comerciales para desarrollar el layout general. De ese plan surgió el diseño de una planta perimetral “donde ubicamos a los directores, el área operativa, las salas de reuniones y el resto de los espacios. Básicamente quedó una planta concéntrica”.

El clima se consiguió capitalizando materiales como la madera, los empapelados, rafias y textiles en una paleta cromática clara, más la presencia del arte. “Fueron esos los elementos que le dieron una identidad común a cada área. De todos modos, el gran protagonista de la escena es el piso de roble de Eslavonia”.

Texto Débora Campos

PH Daniela Mac Adden

 

Cuatro sillones Barcelona y una mesa Monte (Ricardo Paz) sobre una gran alfombra de kilim antigua (Mihran) componen la recepción. Delante de la ventana, un sillón Womb de Eero Saarinen tapizado (Miranda Green) y una lámpara de pie Spun light negra (Sebastian Wrong para Flos).

El cielorraso de madera fue construido en tableros geométricos compuestos por varillas lustradas de donde cuelgan tres lámparas retro negras Smithfield (Jasper Morrison para Flos).

La sala de directorio y las zonas operativas. En el sector de trabajo hay paneles divisorios en cristal transparente. Para los directores, una mesa de madera maciza con pata central rodeada por sillones Saarinen. Al fondo de la imagen, y sobre la consola, dos gofrados de Antonio Berni.

Imponente, el hall de los ascensores recrea el espíritu de la empresa. Para eso, María Anzoátegui y Cecilia Bravo dispusieron un piso de mármol marrón Emperador y revistieron un lateral con tablas de madera de roble de Eslavonia colocadas en forma vertical. El cielorraso fue vestido con tableros geométricos formados con las mismas varillas de madera que los accesos laterales, generando un lenguaje continuo que recorre como un pórtico todo el ambiente. Adentro, el comedor diario funciona como un centro de relax y distensión. Aquí, las mesas Ellis son de lenga con patas trípode, los taburetes Catifa de Arper y, sobre la pared, una fotografía de Celine Frers.