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ESTACIÓN FARINA

Texto: Sol Dellepiane A.

Fotos: Arq. Daniela Mac Adden

Puertas afuera, fue la primera estación de servicio de Punta del Este. Puertas adentro, un inmenso garage donde veraneantes –sobre todo argentinos– dejaban sus autos durante el año para que, al llegar cada verano a sus residencias estivales, estuvieran a punto. Cimentada circa 1930 a pocas cuadras del faro, la particularidad más sobresaliente de esta construcción es su decidida impronta art déco. Y todo cierra, puesto que la estación supo pertenecer a la empresa Shell, internacionalmente identificada con este estilo –comenzando por su célebre logo acaracolado, emblema déco si los hay. Para Alvaro Farina fue amor a primera vista.

Nacido en Montevideo, formado como arquitecto en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia, trotamundos durante los 80 y parte de los 90, Alvaro volvió a su Uruguay natal, validó su título de Dottore in Architettura en la universidad local y emprendió distintos trabajos relacionados con recuperación de patrimonio y otros tantos como proyectista y constructor. Rocha, La Barra y José Ignacio son, entre otros parajes de la Banda Oriental, imponentes escenarios de obras suyas. Unos tres años atrás, viviendo en su catamarán fondeado en el puerto y a la búsqueda de un lugar donde amarrar pero en tierra firme, caminaba por la Punta cuando dio con la original edificación.

“Cuando la encontré estaba en un estado ruinoso y la iban a demoler. Yo buscaba un lugar que fuera mi vivienda y también mi espacio de trabajo. A través de amigos, pude contactar a los dueños. Al entrar vi un gran espacio sin divisiones internas, literalmente en ruinas. Inicié una reforma y me instalé. En realidad yo he trabajado mucho sobre construcciones existentes, entonces para mí fue bastante sencillo armar este espacio. Hice un entrepiso con hierro, pisos de cemento y así fui construyendo este lugar que es hermoso y que es solo una parte de la antigua propiedad de la tradicional familia puntaesteña Gattas, todavía dueña de la mitad del gran galpón que da a la plaza del faro”.

Hasta aquí, el edificio. Pero lo que encierran las paredes de este viejo depósito de autos es otro capítulo que vale la pena escribir. Farina vive y trabaja rodeado de una inmensa colección de arte y objetos acopiados a lo largo de décadas: cuadros, esculturas, tahonas, máquinas para tareas diversas, piedras de canteras uruguayas, libros, diplomas, elementos de uso cotidiano, recuerdos, en fin, de todas las vidas que componen una vida, dispuestas en este espacio que exalta su belleza añejada. Porque he ahí otra de las claves del lugar, quizás la más notable: la búsqueda de que las cosas se muestren tal como son –los materiales crudos, sin tratamientos ni capas que camuflen, escondan o pretendan. Porque de afuera hacia adentro, en Estación Farina las historias están a la vista. Y la verdad es virtud.



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