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Historia del arte

Por Débora Campos

La inmejorable caja del departamento en un edificio de Alejandro Bustillo recibe una colección de arte singular y apasionada. Cada obra elegida por Sofía Otero concentra un momento o una amistad.

Podría ser una colección de arte contemporáneo pero es mucho más que eso. Cada obra trae un momento, una relación, una amistad. Registros personales, íntimos, quedaron atrapados entre las formas y colores de cada una. Sofía Otero recorre los espacios de su casa y las historias aparecen. El departamento ofrece las virtudes de la arquitectura de Alejandro Bustillo. El proyectista, pintor, escultor y académico argentino dejó su sello y ella supo capturar esa esencia a primera vista. “Acababa de llegar de Barcelona, donde terminé mis estudios, y venía decidida a vivir sola”. Así llegó a edificio céntrico que la capturó con “la luz, el volumen, los techos altos que dan una sensación de espacialidad tan particular”. Además, había un plus: todos los espacios daban a la calle. “Me gustó la propuesta que planteaba Bustillo: despojada, simple y con espacios amplios”, completa. Por eso, las intervenciones fueron precisas: “Cambiamos la puerta de uno de los dormitorios para sumar luz natural a la circulación y revisamos los contramarcos para enfatizar la altura de los espacios”. El resto fue poblar esos espacios llenos de luz y memoria con cuadros y obras de arte que también encierran momentos y emociones. “De cada una de ellas me enamoré perdidamente”, cuenta Sofía. “Algo me conmovió cuando las vi. Algunas fueron encontradas en los talleres de los propios artistas, otras aparecieron en arteBA y no falta la que le robé a mi padre”, confiesa divertida. “Creo que el arte es el alma de la casa”.