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Reescribir el paisaje

 

“Me gustan la arquitectura y el arte. He vivido en seis casas antes que esta y siempre estaré buscando nuevos proyectos, aunque no los llegue a concretar. Pensar y crear es una actividad emocionante” dice el propietario de esta casa inspirada en tres árboles centenarios.

El matrimonio tenía un lote en un barrio cerrado de las Lomas de San Isidro, sobre el que proyectaron esta vivienda. Los hijos habían crecido y la pareja se proponía habitar un lugar “más acorde con esta etapa de nuestras vidas” recuerda. Si antes vivían en cien metros, ahora buscaban algo distinto, “un espacio que ya tuviera una historia”.

“Como siempre estoy en la búsqueda, voy armando esquemas en mi cabeza y, en este caso en particular, intentamos con los arquitectos aprovechar al máximo el terreno irregular, y proteger e incluir en el proyecto a estos tres árboles centenarios, una araucaria y dos palmeras¨agrega.

Los arquitectos Carlos Galindez, Santiago Alric y Federico Lloveras aceptaron el desafío. “Durante muchos años, grandes quintas se expandían sobre la llanura pampeana. Con el avance de la ciudad se subdividieron en terrenos de menor superficie, transformándose, en este caso, en un barrio privado. De esta última subdivisión solo quedaron dos palmeras y una araucaria. Podrían ser un obstáculo para el desarrollo del proyecto pero también, al mismo tiempo, una oportunidad de superponer, en el tiempo y en el espacio, elementos del paisaje original” explican desde el estudio.

De este modo, se planteó la casa buscando una relación visual de la planta baja con todo el perímetro del lote. El entorno fue pensado como un marco verde que rodeara toda la edificación, componiendo un único discurso.

“Esto nos permitió tener flexibilidad en la organización de los espacios y sus vistas del interior al exterior, para lo que se intercalaron planos de vidrio y muros color plomo” dicen los arquitectos. En la planta alta se decidió proponer un volumen elevado de hormigón visto con el fin de captar vistas “que superan el terreno propio para apreciar un paisaje único y distinto en cada uno de los ambientes”, señalan. “Planteamos una manera de acceder a la casa que permitiera visualizar estos ejemplares desde el hall de entrada y en el recorrido horizontal y vertical interior. Estas presencias le dan sentido al espacio” concluyen.

Como dos antiquísimos guerreros, la araucaria y la palmera parecen contener al dormitorio en la planta alta. Aquí, la cama es el diseño Troika (Federico Churba), en la cabecera una obra de Matilde Marin.

En el comedor, Adone e AdonVenere un gran tapiz de Enzo Mari, de De Padova (Gris Dimensión)

Una biblioteca con más de mil volúmenes es la columna vertebral de un gran espacio que incluye, comedor y acceso. Mesa y sillas Shaker de De Padova (Gris Dimensión), sofás Raffles de De Padova.

Lámparas de Artemide, y en torno a la escalera que conduce a la planta alta de la casa, dos trillos españoles del siglo XX (30Quarenta).

La araucaria y la palmera centenarias dominan la galería, que integra sus troncos casi como columnas estructurales.

Simple y blanca. Con esos conceptos directrices, el ebanista Pablo Debonis creó, desde la fábrica familiar, el equipamiento integral de esta cocina abierta al exterior, luminosa y amplia.